Resumen
El texto desarrolla una reseña reflexiva de algunas exposiciones de arte y fenómenos de la visualidad situados en Bogotá y Medellín. En ella, se hace patente el vínculo entre la política, la imaginación social, los afectos, las memorias, el deseo común y las prácticas artísticas, que en conjunto manifiestan la capacidad de producir subjetividades y proyectar otros futuros posibles.
Palabras clave
Culturas visuales, arte, política, futuro, memorias, imaginación social

La escucha, la lectura y la contemplación de aquello que no se puede hablar se vuelven subversivas cuando se reconocen en ellas las palabras que nos fueron arrebatadas. Alguna vez escuché que los sentimientos no dichos son inolvidables, y puedo atestiguar que, además, algunas de las emociones que se guardan para sí también nos enferman. Sin embargo, nuestro sufrimiento, traducido en la metáfora de enfermedad, es capaz de enfrentarse a la raíz del problema:
Necesitamos convertir nuestra enfermedad en un arma, hablar de ella como un arma contra el poder, superarla mientras hablamos de nuestro deseo por otro mundo y actuamos colectivamente en función de nuestro deseo. (Pavón-Cuéllar, 2021, p.141).
Al momento de escribir esto, desde Bogotá, en el último suspiro del verano, tengo presentes los conflictos, las impurezas e incoherencias que me conforman y que me llevan a realizar un gesto involuntario cada vez que tengo el deseo de expresar lo que pienso. Ese gesto consiste en aguantar la respiración después de hablar, después de pronunciar las palabras de inconformidad, como esperando un golpe de vuelta que puede ser duro o con descendiente; nunca se sabe.
Recientemente, una persona con pantalones rosas, cuyo nombre penosamente no recuerdo, me contaba, en medio del conversatorio de la inauguración de una exposición en un centro artístico en La Candelaria, que hacía poco habían matado a varias personas en la localidad de Kennedy. ¿No te enteraste? me preguntó. No, no soy de acá, le dije con timidez. Esa persona, al finalizar la charla, pidió el micrófono, agradeció a los ponentes y dijo con seguridad que, en su barrio, en Kennedy, la forma más eficaz que tienen para combatir la violencia y el atropello es el arte. Mientras esa persona hablaba, vi con detenimiento su postura, escuché con atención su voz, su respiración y la certeza con la que articulaba sus palabras. Mediante gestos como esos, comencé a descubrir en las personas y en las prácticas artísticas la pulsión de un espíritu crítico que busca emanciparse de aquello que Suely Rolnik (2019) establece como el inconsciente-colonial-capitalístico.
Para efectos de franquear el siguiente recorrido, es esencial tener en cuenta la reflexión que la pensadora brasileña sugiere en relación con el arte, la insurrección y la descolonización del inconsciente:
Practicar el pensamiento en su plena función: indisociablemente ética, estética, política, crítica y clínica. Es decir, re-imaginar el mundo en cada gesto, palabra, relación con el otro (humano y no humano), modo de existir ―siempre que la vida así lo exija― . (Rolnik, 2019, p.177)
En efecto, durante mi viaje en Colombia, he percibido la forma en que las personas exteriorizan sus sentires a través del habla, la escritura y el arte. La intención y el acto político están presentes en la mayoría de sus expresiones. La tarea urgente de hacer memoria, de cambiar narrativas, de luchar contra el olvido y el silencio resuena, dejando ecos en mi interior, que termina afligido la mayoría de las veces que visito algún espacio cultural.
Terminé particularmente callado y aguantando la respiración, aunque esta vez por el impacto emocional, cuando visité las exposiciones de la Galería Santa Fe tituladas Las infancias y La Violencia bipartidista en Colombia (1946 – 1950) de Carolina Bácares Jara y Camilo Bácares Jara; y Aún por nombrar, curada por Paola Peña Ospina. Esta última contó con un proyecto que admiro y he seguido desde hace tiempo del colectivo Minga Prácticas de-coloniales (Foto 1). Ambas exposiciones tienen un fin preciso: proyectar otros futuros posibles. La primera, mediante la recuperación de la memoria, para reflexionar sobre cómo La Violencia afectó y transformó a las infancias de esa época; y la segunda, a través de acciones colectivas para la transformación del hegemónico relato colonial.

Asimismo, en Fragmentos, Espacio de Arte y Memoria, asistí a la exposición Acuerdos con el mundo natural y la asamblea de los seres vivos (Fotos 2 y 3). Esta muestra, articulada bajo la curaduría de María Isabel Rueda y Catalina Vargas, contó con la participación de la artista eslovena Marjetica Potrč y el artista colombiano Leonel Vásquez. La propuesta curatorial de una alianza con el mundo natural, donde los seres vivos sean reconocidos como sujetos y el llamado al establecimiento de una sociedad de cuidadores y no propietarios del territorio, me conmovió muchísimo.
Fue igualmente emocionante pensar en la inclusión de la voz de todos los seres vivientes en los acuerdos de la sociedad, y más en un sitio como lo es el contramonumento creado por Doris Salcedo, en donde el testi- monio de la naturaleza también pasa a formar parte de la construcción de la memoria del conflicto armado en Colombia. Vale la pena citar aquí la pregunta que abre el texto de sala de la exhibición para constatar las cuestionantes que sugieren las colectividades que piensan en el cuidado y bienestar del mundo:
¿Qué sucedería si aceptáramos ser gobernados por el agua, el aire, las piedras, los frailejones, las águilas paramunas, las abejas, los vientos, los corales, las estrellas, las montañas o la neblina? ¿Qué sucedería si nuestra estructura de gobierno fuera una asamblea conformada por todos los seres vivos? (Rueda & Vargas, 2024).
Otros porvenires. Respecto a esta exposición, me resultó significativo que un órgano del Estado se interese en adquirir y exhibir obras de arte contemporáneo que interpelan a las instituciones, y que visibilizan los escenarios violentos y extractivistas que acontecen en el país.

Es fantástico percibir la voz de una persona que no tiene miedo. En Medellín, en Comuna 132, conocí en Casa Kolacho a Sandro “Alien 13”; un portavoz de las historias de las personas que han sufrido la pérdida y el desplazamiento a causa del conflicto armado en el departamento de Antioquia. Sandro me contó sobre las fronteras invisibles y los modos de combatir el miedo através de la cultura hip hop.
De igual manera, su labor artivista junto a jóvenes habitantes del barrio, favorece la construcción de un futuro incluyente para la comunidad LGBTIQ+ de San Javier.
Si bien durante este viaje he tenido presentes las reflexiones sobre el miedo como un mecanismo de control que aísla, que es invisible y que nos convierte en espectadores de nuestra impoten- cia, en el Museo Casa de la Memoria 3 vi algo que nunca había experimentado ni en los museos en los que he trabajado, ni los que he visitado. En la sala de exhibición un par de personas desconocidas entre sí comenzaron a intercambiar sus experiencias de violencia y desplazamiento mientras recorrían la muestra. Paulatinamente, dos estu- diantes y posteriormente una mujer extranjera se unieron a la conversación que se prolongó por largo rato. Ese grupo de personas sentadas en un círculo en medio de la sala crearon un genuino espacio común de reconocimiento, reflexión y construcción de memoria. Por ende, dicho caso hace patente que los museos y las prácticas curatoriales también se insertan en una perspectiva que tiene la voluntad de desplazar el paradigma cultural dominante (Rolnik, 2019).

Quizás la experiencia más emotiva y transgresora fue la que viví en la exposición de Mapa Teatro, Laboratorio de la imaginación social en el Museo de Antioquia en Medellín. Mapa Teatro es un reconocido colectivo colombiano fundado en 1984, cuya práctica artística abarca manifestaciones como el teatro, el cine, el performance, la instalación y las intervenciones urbanas que se vinculan con escenarios sociales complejos y con comunidades marginales. Es así que, a través de dispositivos artísticos transdisciplinares la exhibición me condujo a una inmersividad teatral en la que los aconteci- mientos poético-políticos producidos por el laboratorio dan cuenta de que, como lo señala la curadora de la muestra Carolina Ponce de León (2024): los lenguajes artísticos “tensa[n] el arco entre la vida y el arte” (párr. 5), además de ser manifiestos de “la potencia política de la imaginación” (párr. 5). En tal sentido, el recorrido de todas estas manifestaciones y sus visualidades me inducen a considerar el potencial de la imaginación de un mundo distinto que es capaz de gestarse mediante el accionar micropolítico, la escritura, las imágenes y el arte. Es ineludible reconocer en el trabajo intelectual del análisis de las culturas visuales de América Latina, así como en el proceso creativo de las prácticas artísticas, las dinámicas geopolíticas y geoculturales atravesadas por el poder y la violencia. Ciertamente, como lo indica el investigador colombiano Rubén Yepes Muñóz (2019), el espíritu crítico latinoamericano y la intervención política que permea en el trabajo intelectual de la visualidad, son parte de “las fuerzas que movilizan las acciones políticas del arte”(p.32).

Así pues, la mirada y buena parte del arte actual en Colombia reescriben narrativas, provocan, reevalúan, transgreden, apuntan y aciertan de forma contundente en el cuestionamiento de las diversas demandas del deseo común. Para reconocer nuestro lugar en el imaginario social de América Latina, encuentro apropiado el mensaje expresado por la escritora migrante ecuatoriana Mónica Ojeda, (con quien tuve la fortuna de coincidir) tras su visita a México, Ecuador y Colombia, durante septiembre de 2024:
Se está pensando, escribiendo, bailando, pintando, cantando, etc., como impulsores movilizadores de una imaginación futura. Nos repolitizamos en esa desalienación que encontramos en el arte. Los espacios culturales continúan siendo esa fiesta donde se hace la vida ante todo. […] Me voy con la certeza de que acá sí se está pensando desde otras coordenadas mucho más arriesgadas, mucho más sugerentes, y que es este pensamiento del Sur el que me convoca y del que soy parte allá donde esté. (Ojeda, 2024)


Por ello, pese a que a veces quedan en el interior un sinfín de palabras que no se pueden decir (y aunque para nombrar algunas de ellas sea necesario aguantar la respiración), expresar y evidenciar desde la creación artística permite desarrollar herramientas y estrategias para enfrentar el miedo, hacer memoria y traer de vuelta la imaginación social en el campo político. La creación atañe a un compromiso histórico y social, que en un mundo donde los discursos de poder nos sostienen que no existen otras alternativas, las prácticas artísticas devienen en dispositivos que nos posibilitan elegir el regreso del futuro.
Septiembre 2024, Bogotá.
Referencias
Fragmentos: Espacio de Arte y Memoria. (2024, diciem- bre). Acuerdos con el mundo natural y la asamblea de los seres vivos. https://www.museonacional.gov.co/noticias/Paginas/Fragmentos_Acuerdos_con_lo_na-tural.aspx
Museo de Antioquia. (2024, Diciembre). Mapa teatro | Laboratorio de imaginación social. https://museodeantioquia.co/?exposicion=mapa-teatro-laborato-rio-de-la-imaginacion-social
Museo Casa de la Memoria. (2024, Diciembre). Medellín: memorias de violencia y resistencia. https://www.museocasadelamemoria.gov.co/Exposiciones/medellin-memorias-de-violencia-y-resistencia-exposicion-permanente/
Ojeda, M. [@MonaOjedaF]. (2024, 1 octubre). Se está pensando, escribiendo, bailando, pintando, cantando, etc., como fuentes movilizadoras de una ima- ginación futura. Nos repolitizamos en esa desalienación… [Post]. X. https://x.com/monaojedaf/status/1841136941355425892?s=46
Parker, I., & Pavón-Cuéllar, D. (2021). Psicoanálisis y revolución. Psicología crítica para movimientos de liberación. Pólvora Editorial.
Ponce, C. (2024, Septiembre). Mapa teatro. Museo de Antioquia. https://museodeantioquia.co/?exposicion=mapa-teatro-laboratorio-de-la-imaginacion-social
Rolnik, S. (2019). Esferas de la insurrección. Apuntes para descolonizar el inconsciente. Tinta Limón.
Yepes, R. (2019). Arte y política: la perspectiva —latinoamericana— de los Estu- dios Visuales. El Ornitorrinco Tachado. Revista de Artes Visuales, 10. 21-33.