Resumen
La escritura, realización y producción de contenidos animados de corte industrial dirigidos a audiencias infantiles han estado a cargo, histórica y sistemáticamente, de adultos profesionales de la animación. Rara vez, las producciones comerciales involucran a las infancias en sus procesos de creación y desarrollo, lo que se traduce en toma decisiones unilaterales en el diseño de sus contenidos, tonos, y representaciones. La postura adultocentrista de supremacía, privilegio y poder que permea el ámbito de la animación, puede no solo invisibilizar a las audiencias infantiles, si no vulnerar sus derechos humanos, limitar su representación, y negar su participación. El artículo presenta modelos de realización que tienen como punto de partida la mirada y propuesta infantil, para vislumbrar sus aportaciones formales y de contenido y esbozar una alternativa de co-creación con infancias a través de una potencial sociedad horizontal colaborativa de adultos especialistas y niños creadores en la animación.
Palabras clave
Animación, colaborativa, infancias, participación, adultocentrismo
Introducción
La creación y producción de animaciones hegemónicas 1 dirigidas a audiencias infantiles son, en su gran mayoría, realizadas por profesionales, personas adultas con cierto nivel de conocimiento, experiencia y técnica que requiere el quehacer de la animación. En sus procesos, normalmente se excluye la participación infantil o se reserva de forma limitada para focus groups en etapas finales como un instrumento mercadológico. La falta de consideración e incorporación de la voz de las infancias, un ejercicio común y consensuado en el mundo de la producción audiovisual, vulnera el derecho 2 de participación de niñas y niños en la creación de sus contenidos y constituye un problema que es inatendido.
La visión adultocéntrica, entendida como “…la corriente hegemónica en la que se mueve una sociedad centrada en las necesidades e intereses de las personas adultas… en la que se subordina a las personas que no encajan en el modelo, como son la infancia […]”(Niebla, 2022), permea en la profesión de la animación al excluir dentro de sus procesos, a los propios niños y niñas a quienes pretende dirigir sus contenidos.
En tiempos actuales de sociedades de inclusión, una reflexión sobre el ejercicio de nuestra profesión es pertinente, para idear nuevas maneras de colaboración con los grupos que históricamente han sido ignorados, en este caso, las infancias.
La participación infantil como derecho
El artículo 12 de la Convención de los Derechos del Niño, tratado internacional de la Organización de Naciones Unidas, firmado en 1989 y entrado en vigor desde 1990, destaca dos principios fundamentales: el derecho a ser escuchados, que reconoce a niñas, niños y adolescentes a que sus opiniones sobre distintos temas que les interesan o involucran directamente sean recibidas y respetadas por los adultos, y el derecho a incidir en las decisiones, que implica que sus opiniones sean tenidas en cuenta en las decisiones que se toman sobre los asuntos que los involucran directamente o que les interesan (UNICEF, 2022: 5).
De entre los tipos de participación que el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) reconoce, en función del grado de participación infantil, se encuentra la no participación, y la operación consultiva en la que la mayoría de las animaciones profesionales operamos, con un margen muy escaso y limitado para que las infancias influyan en sus resultados.
El involucramiento de los individuos en los asuntos que les afectan es crucial para esa experiencia de dignidad humana. La participación contribuye al empoderamiento de los niños, niñas y adolescentes para que tengan confianza en ellos mismos, construyan redes de colaboración, y activamente participen en la realización de sus derechos. En otras palabras, tener la posibilidad de ser escuchado y tomado en consideración promueve un sentido de autoestima y la capacidad de influencia, fortalecida a través de un mayor entendimiento de la reciprocidad y la naturaleza colaborativa de la participación (UNICEF, 2022: 7).
Un ideal sería lograr la participación liderada por las infancias, en pleno empoderamiento de su voz y con la posibilidad de emanciparse. Es decir, que sean ellas mismas quienes puedan crear y realizar sus propios contenidos y obras con autonomía, utilizando sus propios medios y herramientas, y que puedan dejar de depender de la intervención adulta, tanto en la realización como, posteriormente, en la exhibición, en canales que puedan manejar y en condiciones seguras. El presente texto propone un modelo en donde la participación colaborativa sea un primer paso: uno que logre establecer una asociación entre el mundo profesional adulto y el infantil.
Una posibilidad de animación colaborativa con infancias: la sociedad de profesionales de la animación y niños creadores.
Al tratar de categorizar las líneas generales que persiguen la mayoría de las animaciones realizadas con infancias, es inevitable subrayar que, ya sea que se trate de obras realizadas casi por completo por niños o bien por profesionales de la animación, regularmente se reproduce un modelo tradicional que tenemos instaurado: el del discurso dominante heredado de las narrativas industriales (por ejemplo, las disneyanas) y la producción a gran escala. Incluso en la búsqueda y ejercicio de distintas herramientas, técnicas de expresión y experimentación permanece en términos concretos, una lógica donde se siguen ciertos procesos establecidos previamente con la espera de un resultado determinado.

Es viable, pertinente y necesario pensar y proponer una tercera vía que medie los dos caminos aparentemente opuestos irreconciliables. Es decir, una que respete y favorezca la participación infantil, espontánea, libre, pero que consiga ciertos parámetros esperados de la animación ortodoxa en un equilibrio afortunado. Una suerte de comunión entre el mundo infantil y el adulto en la que se complementen con las fortalezas que ofrece cada uno. Los conocimientos, habilidades y experiencias de las niñas y niños, sumado a la de los profesionales en un diálogo permanente y abierto durante toda la realización de una animación, pueden derivar en un material más respetuoso de sus inquietudes y puntos de vista.
Una animación surgida de esta asociación puede ser más enriquecedora tanto para las audiencias infantiles como para los propios animadores. Una animación donde el sentido lo propongan los mismos actores, con especial respeto y atención a las niñas y niños, acorde a sus necesidades, problemáticas, reflexiones y deseos de aportar a su colectividad (Cussiánovich, 2010).
El modelo que se propone como alternativa, el de una animación colaborativa con infancias dirigida para estas audiencias, por lo tanto, debería involucrarlas desde etapas tempranas de sus procesos y concebir a los niños como socios‑colegas creativos y formales en equipos conformados por ellos junto con profesionales (Morales, 2024). Esta alianza afortunada estaría basada en las fortalezas, habilidades pero también en las limitaciones de cada grupo etario, cada uno de ellos en capacidad de aportar su propia experiencia y perspectiva para enriquecer la obra, pero privilegiando la visión, punto de vista y voz de las propias infancias.
Se propone un enfoque de democratización y apertura participativa de la niñez, promoviendo una relación bilateral entre profesionales y los niños, donde ambos son partícipes activos en los procesos y toma de decisiones. Como consecuencia, la participación de infancias, en congruencia con la consideración equitativa que se ha expuesto y, en caso de no tratarse de un proyecto cultural o sin fines de lucro, implicaría la evaluación e implementación de un esquema de retribución a las niñas y niños participantes, como sucede en las producciones audiovisuales profesionales de acción viva, en el caso de documental y ficción.
Esta colaboración busca fomentar la equidad, la inclusión y el respeto por las opiniones y experiencias de las infancias, reconociendo su autonomía y potenciando habilidades como la creatividad, la empatía y la comunicación. Se enfatiza la co‑creación plena con ellas en todos los momentos del proceso, facilitando su expresión.
Este modelo epistemológico significaría, para el adulto animador, despojarse de su autoridad experta, para permitirse adentrar en los terrenos de lo imaginativo, lo inesperado, incluso lo lúdico, en un diálogo franco y abierto con las infancias de ahora para juntos, encontrar nuevas rutas de colaboración y dar respuesta a los retos que se tienen por delante.
Conclusiones
El nuevo paradigma de animación que se plantea en este artículo parte en primer lugar de la consideración de las niñas y niños como personas sujetas de derecho, con el pleno reconocimiento, en particular, de su derecho a participar de los procesos, materiales y decisiones que los afectan directa o indirectamente.
El modelo adultocéntrico se ha instaurado como el único legítimo en el ejercicio de nuestra profesión, la animación. Lo ha hecho sin mucha resistencia, pues las voces de quienes podrían ofrecerla, han sido sistemáticamente ignoradas o acalladas. La subordinación de las infancias y su subestimación por considerarlas inmaduras o en proceso de formación, ha constituido una práctica que violenta sus derechos a ser escuchados y a participar de procesos y situaciones que les competen.
Esta exclusión ha sido normalizada y es importante visibilizarla como una problemática vigente. La delegación y compartición del poder que históricamente hemos ejercido los adultos en la toma de decisiones que afectan a nuestras infancias es clave para establecer nuevos mecanismos más democráticos y respetuosos de sus derechos. Así como se dio el aban‑ dono de la lógica geocentrista, y se cuestiona el antropocentrismo, es momento de realizar una autocrítica al adultocentrismo, como modelo asimilado sin reflexión, asumiendo que solo los adultos tienen la capacidad y derecho de decidir por los demás grupos etarios.
Hasta ahora, puede advertirse un distanciamiento marcado entre ambos modos de abordar la animación con infancias. Los esfuerzos y espacios de animaciones hechas por niñas y niños se centran en la experiencia y dejan de lado el resultado final. Se privilegia la participación infantil, pero se pierde de vista su manufactura en términos técnicos profesionales. Por otro lado, las animaciones dirigidas al público infantil, dentro de esta lógica comercial, cumplen con las normativas que se esperan de ellas, en tanto estructura, narrativas, duración, pero ignoran por completo la participación de las infancias en sus fases.
Aunque el adultocentrismo representa una problemática social muy profunda que implica la modificación de muchas prácticas, sobre todo a nivel estructural, la animación puede ser un vehículo que contribuya a tejer lazos colaborativos intergeneracionales que ayuden a encontrar vías de comunicación, comprensión y construcción conjunta que se traduzca en expresiones artísticas más sensibles a las necesidades de las niñas y niños y, por ende, en la profesionalización de la animación dirigida a infancias.
Referencias
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