Creo que dejamos ecos de nosotros mismos detrás, en aquellas habitaciones donde nuestras vidas fueron definidas por primera vez.

(Michals, 2002, p. 10)

Resumen

A través del registro fotográfico y de las representaciones que de él derivan pretendí enunciar narraciones visuales desde la remembranza, conformando una realidad compleja a partir de historias de vida (historia oral) y su relación con un entorno social inscrito a tres generaciones: mi abuelo, mi padre y yo. Este trabajo es una reflexión sobre el eterno retorno, sobre cómo el pasado es recordado, transmitido en el presente y cómo las historias impactan en el entendimiento actual del mundo, materializado en un diario fotográfico. Es una reflexión que indaga en la relación de la memoria (individual) y la identidad.

Palabras clave

Memoria, identidad, historia oral, eterno retorno y diario fotográfico

Introducción

Las imágenes de esta serie refieren a hechos que mi padre me contó, de por qué tuvo que irse del lugar que le vio nacer (Navojoa, Sonora).[1] La idea de eterno retorno se constituye a través de acciones, de cuando el ser humano busca repetir historias y vive en una constante remembranza de hechos pasados. El regreso. Eterno retorno es un proyecto autoral que no solo da constancia del paso del tiempo en los lugares y las personas, es una reflexión sobre la relación del yo (el que se fue) y el otro que le espera un día regrese y conozca el secreto de la vida que preserva el misterio de la procreación: la invención de sí mismo a su regreso (Duarte, 2015, pp. 39-42).[2]

Me propuse utilizar la fotografía como diario para indagar en la relación de la memoria personal y colectiva. Las fotos que forman parte de este proyecto nos transportan al imaginario de un personaje oriundo de Navojoa, Sonora, quien narra en tercera persona los últimos años de su vida en Huitzilac, Morelos, haciendo remembranzas de su familia y lugar de origen cada vez que ve algo que le parece representativo, a manera de una pareidolia que le motiva a regresar.[3]


[1] Navojoa es una pequeña ciudad agrícola y ganadera ubicada al sur del estado de Sonora, México, con gran tradición, pero con escasa presencia en el entorno urbano. En ella se encuentra el pueblo originario mayo/yoreme, que a lo largo de su historia ha sido relegado a las orillas de la localidad, debido a la modernidad que exige la sociedad conservadora que vive en el centro. Los atrasos ideológicos y económicos y la falta de programas culturales definen su geografía con un ambiente donde el tiempo pareciera haberse detenido, lo que ha creado una trama compleja de convivencia entre clases sociales con características violentas, a veces sutiles y otras muy evidentes, como un profundo espejo de una parte del México contemporáneo (Palomares, 2017, p. 21).

[2] Periodo de realización: 2015-2017.

[3] La pareidolia es la capacidad de ver rostros abstractos en determinados contextos. Es una forma de alejarse de la realidad cotidiana e interpretar algo que invita a la reflexión. La representación de retratos no presenciales a través de paisajes, del entorno imaginario relacionado a la memoria colectiva e individual de las personas, desde su historia oral vinculada con mitos, tramas y anécdotas; a través de lo presente, de un paisaje construido (Gutiérrez, 2014, p. 188).

Foto 1. Palomares, J. (2015). El regreso. Eterno retorno.

Paul Ricoeur distingue en la memoria un componente cognitivo y otro pragmático. El primero está vinculado con aspectos semánticos de la referencia y de la verdad, y como tal responde a la pregunta ¿qué se recuerda? El segundo se asocia con la habilidad de recordar o hacer memoria, y da cuenta de cómo se recuerda. Por ello, Ricoeur se pregunta ¿cómo explicar que el recuerdo viene en forma de una imagen y que la imaginación así movilizada viene a tomar formas que escapan a la función de lo irreal?

Una sensación de ausencia le hizo regresar, para encontrarse con cosas, anécdotas, palabras y sentimientos que sus parientes habían guardado. Enterrado. Al bajar del tren, toma el mismo camino de cuando era un jovencito e iba a bolear zapatos a los almacenes. Ahora solo ve cascarones derruidos y grafiteados. Apresura el paso. Son las cinco de la tarde y recuerda es la hora en que decidió irse de Navojoa hace treinta años (Palomares, 2015, p. 20).

El producto final fue un diario llamado El regreso. La narrativa es sobre un personaje que figura en la encarnación de tres generaciones: mi abuelo, mi padre y yo. Esto es, los textos que acompañan las fotos del diario dan cuenta de un individuo que vive en Huitzilac y que constantemente hace analogías de su presente y su pasado hasta que decide regresar a Navojoa, después de haber estado ausente mucho tiempo, y cuyo motivo para retornar es la paradoja como pulsión: ahí está mi padre ausente.

En este sentido, el ser humano siente la necesidad de indagar acerca de su origen y su esencia. Mediante el acto de regresar se construye una imagen en la que convergen el perfil que el sujeto imagina para sí mismo y los rasgos que el otro le da. Por tal motivo, al percatarse de la inestabilidad de su ser, busca asir una imagen de sí mismo, de algo que su memoria le hace recordar, y convencerse de que está destinado a ser un yo en busca permanente de identidad: de un yo siempre cambiante y diferente.

La historiadora de arte Rebeca Pardo Sainz llama al acto de regresar “identidad en crisis” en una época de desasosiego, un yo en deconstrucción en el que la alteridad (el otro) se convierte en un punto de referencia y anclaje imprescindible para todo tipo de búsquedas personales (Pardo, 2014, p. 170).

Foto 2. El regreso. Eterno retorno. Fotografía de J. Palomares Galván, 2015.

Las fotografías de El regreso se inscriben en una tradición diarística de carácter autorreferencial que tiene la intención de registrar el encuentro del sujeto-fotógrafo con un mundo cambiante que gira en torno a la destrucción que caracteriza y afecta a los seres humanos: el cambio y la muerte.

Pero fue inútil, su pueblo ya no era el mismo de cuando se fue. No sabía que iba a llegar al mismo camino: ausencia… Sin darse cuenta que el ausente era él. Poco a poco el calor de julio lo fue deshidratando hasta perder sus recuerdos (Palomares, 2017, p. 28).

Foto 3. Diario fotográfico de El regreso. Eterno retorno. Fotografía de J. Palomares Galván, 2015–2017.

Existe un paralelismo entre la obra fotográfica The house I once called home (2002), de Duane Michals, y El regreso. Coinciden en que las imágenes conjugan un presente envuelto en la nostalgia y en la existencia de una identidad en crisis, de un personaje con un pasado cargado de una memoria íntima que intenta responder a su propio interrogante: ¿todavía queda alguna posibilidad de ver las cosas claras en medio de una confusión total?

La ambientación de mis imágenes en buena medida está sujeta al manejo de tonalidades ocres, verdes y azules que crean una sensación nostálgica. La penumbra es el punto de partida por el cual me interesa captar cómo la luz se va asomando para revelar una escena que abre una expectativa de algo, o, por el contrario, cómo se va diluyendo durante el atardecer haciendo alusión a cuando hay poca claridad de las cosas y es necesaria la oscuridad para ver el interior de sí mismo. Es el momento para recordar quién fuiste y quién eres.

Además, en mis imágenes hay una relación intrínseca de espacios abiertos y cerrados: la intimidad los une, como una entidad representada por una serie de imágenes recurrentes a la ausencia, al abandono y la desolación. Los vínculos emocionales de las personas generan situaciones íntimas a pesar de estar en espacios abiertos, por el simple hecho de que solo entre ellos existe una historia.

Foto 4. The House I Once Called Home. Fotografía de Duane Michals, 2003.
Foto 5. El regreso. Eterno retorno. Fotografía de J. Palomares Galván, 2016.
Foto 6. El regreso. Eterno retorno. Fotografía de J. Palomares Galván, 2016.
Foto 7. El regreso. Eterno retorno. Fotografía de J. Palomares Galván, 2016.
Foto 8. El regreso. Eterno retorno. Fotografía de J. Palomares Galván, 2016.
Foto 9. El regreso. Eterno retorno. Fotografía de J. Palomares Galván, 2016.
Foto 10. El regreso. Eterno retorno. Fotografía de J. Palomares Galván, 2016.
Foto 11. El regreso. Eterno retorno. Fotografía de J. Palomares Galván, 2016.
Foto 12. El regreso. Eterno retorno. Fotografía de J. Palomares Galván, 2016.
Foto 13. El regreso. Eterno retorno. Fotografía de J. Palomares Galván, 2016.
Foto 14. El regreso. Eterno retorno. Fotografía de J. Palomares Galván, 2016.

Conclusiones

Para un artista visual que indaga en su propio origen, la reflexión, el acto de regresar, vincula el ejercicio de la memoria y evoca imágenes que trastocan su mirada de un entorno social que ya no es el mismo que lo conformó en sus primeros rasgos de personalidad. Así, el artista, cuyo proceso creativo parte de esta concepción, presenta una narrativa visual que indaga sobre sí mismo (autorreferencialidad), condicionando la resignificación de su propia identidad como una invención de sí mismo.

Referencias

Duarte, A. (2015). Interpretaciones del eterno retorno. Universidad Nacional de Colombia.

Michals, D. (2002). The house I once called home. Enitharmon.

Palomares Galván, J. (2015). Diario fotográfico de El regreso. Eterno retorno [Diario fotográfico inédito].

Pardo, R. (2014). La Autorreferencialidad en el arte (1970-2011): El papel de la fotografía, el vídeo y el cine domésticos como huella mnemónica en la construcción identitaria en Barcelona. Universidad de Barcelona.

Reina-Gutiérrez, A. (2014). La pareidolia como recurso creativo en procesos de ilustración. Universidad del Valle.

Ricoeur, P. (2003). La memoria, la historia, el olvido, Trotta.