La falta de conocimiento y la comodidad con los métodos de enseñanza tradicionales a menudo llevan a que las adaptaciones se perciban como favores o cargas adicionales, en lugar de elementos esenciales para la equidad y la excelencia educativa.

Teresa Castro-Mata

Gilberto Acosta-Castañeda

Paola Grajeda-Arguijo

Resumen

En este ensayo se reflexiona sobre la rigurosidad y el tradicionalismo del modelo educativo vigente y la necesidad de actualizar las estrategias de enseñanza-aprendizaje con un enfoque empático con las neurodivergencias presentes en la comunidad estudiantil.

Palabras clave

Inclusión, rigurosidad institucional, estrategia de enseñanza empática, modelo educativo, aprendizaje significativo

Aunque la docencia debe ser una labor motivada principalmente por el gusto de compartir conocimiento, no se debe dejar de lado la responsabilidad que tiene con el aprendizaje de los alumnos, sea cual sea su condición y personalidad. El acto de enseñar no puede reducirse únicamente a transmitir contenidos de manera uniforme y sistematizada, sino que cada clase se debe construir con la sensibilidad necesaria para reconocer que cada estudiante vive, crea y experimenta su aprendizaje de manera única y personal.

En un contexto universitario, donde convergen jóvenes con una diversidad enorme de trayectorias personales y perfiles de aprendizaje, el reto de la docencia no se limita a diseñar programas atractivos o ambiciosos, sino que reta a generar espacios realmente incluyentes para todos. La docencia debe ofrecer espacios seguros para todo tipo de alumnos, sin importar su condición.

En la actualidad, las estrategias relacionadas con la inclusión de alumnos neurodivergentes en la educación superior, particularmente quienes enfrentan barreras en su aprendizaje como ansiedad, trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) o condiciones del espectro autista, están en una etapa inicial y, en muchos casos, carecen de formalidad y rigurosidad institucional. Esta situación genera un fenómeno inconsciente en la comunidad académica, el cual hace creer que algunos profesores perciben las adaptaciones, ajustes y estrategias necesarias para atender de mejor manera a los estudiantes como algo opcional, casi como un favor personal hacia el alumno que “pide más de lo normal”, y no como una acción inherente a la ética docente y a la responsabilidad educativa.

Este fenómeno desvela un problema más profundo: la persistencia de un sistema educativo que en lugar de valorar y celebrar la diversidad de procesos cognitivos, privilegia la homogeneidad y alienta la permanencia de un modelo educativo tradicional que mide el aprovechamiento escolar con parámetros rígidos.

En dicho modelo los estudiantes neurodivergentes enfrentan retos extra, ya que la presión, la exigencia y el estrés se han normalizado como los únicos motores del aprendizaje significativo, cuando en realidad terminan generando el efecto contrario en muchos estudiantes, sean neurotípicos o no, aunque para aquellos neurodivergentes presupone un reto aún mayor, lo que se vuelve una causa de bajo aprovechamiento o incluso para algunos una razón real para la deserción.

Los niveles elevados de ansiedad que se generan en los ambientes escolares, provocados por dinámicas poco empáticas y sobreexigentes, impactan directamente en el rendimiento académico, en la disposición emocional y en el compromiso de los alumnos hacia su aprendizaje.

En el caso puntual de alumnos con TDAH o con condiciones del espectro autista, estas exigencias resultan aún más desproporcionadas, al punto de convertirse en barreras reales para su desarrollo académico y sobre todo creativo, sumado al hecho de que la educación artística y de diseño valoran la creatividad sobre otros criterios académicos tradicionales, resulta contradictorio someter a los alumnos a prácticas que merman sus capacidades creativas.

La paradoja radica en que, en un campo como el arte y el diseño, en el que se debe celebrar la diversidad de perspectivas y la originalidad como atributos fundamentales, los espacios de formación todavía arrastran una visión pedagógica estática y rígida, centrada en estándares homogéneos de aprovechamiento y desempeño. Así, la creatividad se ve en ocasiones sofocada, ahogada por dinámicas basadas en la presión hacia los alumnos, las cuales premian la rapidez, la productividad, la estandarización y hasta la resistencia mental y emocional, en lugar de valorar y fomentar los procesos personales de exploración creativa, que son precisamente los que nutren y llevan a la innovación.

Es preocupante que la educación sigue siendo una de las causas principales de estrés en los alumnos, que en ocasiones los lleva incluso a desarrollar cuadros clínicos de ansiedad. Cada vez es más frecuente encontrarse con alumnos sobrecargados en las aulas, que intentan cumplir las exigencias sistemáticas de cada periodo escolar y sacrifican la originalidad y creatividad propias de la carrera que eligieron con tanto anhelo, poniendo en riesgo incluso su estabilidad emocional.

Reconocer esta realidad es difícil, ya que muchos docentes fuimos formados bajo esos mismos modelos, los aprendimos como normales y, en ocasiones, los reproducimos sin cuestionarlos. Buscar un cambio implica aceptar que la inclusión y la empatía con los alumnos no puede ser vista como un gesto de buena voluntad, como un favor ocasional hacia quienes lo necesitan o como una carga que implica más trabajo, sino como una responsabilidad ética, profesional y humana.

Ser consciente de este fenómeno desvela la importancia de cuestionar los métodos de enseñanza actuales, que se han normalizado y defendido enérgicamente; es prioritario abrir la discusión sobre nuevas estrategias de enseñanza, empáticas y humanas, que permitan que cada estudiante pueda desplegar y cultivar sus capacidades sin que las exigencias y estándares del sistema se conviertan en obstáculos insuperables, estrategias que deben estar basadas en el respeto hacia la estabilidad mental y emocional de los alumnos en pos de su crecimiento académico y profesional, procurando que en su paso por las aulas no encuentren un camino sinuoso y accidentado, sino un medio que desvele y aproveche las herramientas únicas y personales que cada uno posee, siempre buscando que la educación superior no se sienta como nadar a contracorriente en un río, con especial dificultad para estudiantes neurodivergentes, sino que puedan vivir su formación académica como en un río que fluye a su favor.

Figura 1. El muro. Margarita Vázquez López, (2025). 28.2 × 21.2 cm.

Referencias

Castro Mata, T., Acosta Castañeda, G., & Grajeda Arguijo, P. (2025). La inclusión de las neurodivergencias en la educación superior: Hacia un aula verdaderamente diversa. Transdigital, 6(12), e451. https://doi.org/10.56162/transdigital451