Resumen

La representación de la inteligencia artificial (IA) en el cine ha tenido un impacto significativo en la percepción popular sobre esta tecnología. A través de la ciencia ficción, el cine ha explorado cuestiones éticas, filosóficas y sociales relacionadas con el desarrollo y uso de la IA. Este ensayo analiza cómo tres películas clave del género ― Metrópolis (1927) de Fritz Lang, 2001: Una odisea en el espacio (1968) de Stanley Kubrick, y Blade Runner (1982) de Ridley Scott ― han contribuido a la formación de imaginarios utópicos y distópicos sobre la IA en la cultura occidental. A través de un enfoque hermenéutico, se exploran los puntos comunes y divergentes entre estas obras en su tratamiento de la IA y cómo se han representado las distintas simulaciones de vida artificial a lo largo de estos filmes clásicos de ciencia ficción.

Palabras clave
Cine, inteligencia artificial, ciencia ficción, imaginario

El cine de ciencia ficción ha sido un medio privilegiado para especular sobre el futuro de la ciencia y la tecnología, y sobre cuál sería su impacto en la humanidad, constituyendo una fuente inagotable de inspiración, pero también un espejo que nos muestra los dilemas éticos, sociales y humanos que plantea la innovación. Al abordar el análisis de estas películas desde una perspectiva hermenéutica, no se limita a una interpretación superficial de sus tramas; es imperioso abordar el contenido simbólico, textual o representacional, que permite explorar las capas profundas de significados detrás de las imágenes, personajes y temas recurrentes.

La representación de la IA en el cine puede ser vista no solo como una proyección de los avances tecnológicos, sino también como una reflexión sobre las implicaciones éticas y filosóficas de la creación de seres artificiales por los seres humanos. Teniendo en cuenta que nuestro imaginario cinematográfico, ya sea como espectadores o creadores, se ha moldeado por aquellas obras que hemos consumido previamente y de manera progresiva, según Santos (2012), el cine no es una mirada inocente, sino un sistema que involucra las expectativas y el conocimiento previo del mundo por parte del espectador. Además, argumenta Cave (2023), las narrativas cinematográficas sobre la IA no solo reflejan los temores y esperanzas de la sociedad, en particular de la occidental económicamente avanzada, sino que también influyen en la acción humana y los resultados sociales. Esto ha sido potenciado por la presencia de discursos dicotómicos en el género de la ciencia ficción, un campo fértil para el desarrollo de un imaginario colectivo sobre el futuro de la tec- nología, en el cual se integran elementos utópicos y distópicos que reflejan preocupaciones y ocupaciones contemporáneas. El cine también contribuye a la construcción de realidades alternativas que pueden moldear la comprensión del público sobre conceptos abstractos como la IA. También señala Protzel (2016) que el imaginario no es simplemente un conjunto de significados, sino una construcción social que moldea la forma en que las personas comprenden y valoran la realidad.

La literatura de ciencia ficción fue uno de los primeros medios que desempeñaron un rol crucial en la construcción de imaginarios utópicos y distópicos sobre la IA (Figura 1). En las tres películas analizadas se observa un precedente literario que muestra un juego constante entre la promesa de la tecnología como un camino hacia el progreso o sus consecuencias catastróficas. Además, también reflejan los tipos de simulación de vida artificial más frecuentes en ambos medios como una posible implementación de la IA en la vida real (Figura 2).

Metrópolis de Fritz Lang, estrenada en 1927, es uno de los primeros filmes en representar un robot en la industria cinematográfica, inaugurando así con éxito una larga tradición de personajes artificiales con funciones disímiles pero destinados, generalmente, a tareas laborales con un cuerpo físico, antropomorfo y electromecánico (Figura 2). El filme expone en una sociedad futurista dividida entre la clase trabajadora y la élite gobernante, una dicotomía que se manifiesta en dos personajes fundamentales: María, una líder espiritual de los trabajadores, y su alter ego robótico creada para manipular y controlar a las masas obreras. Esta dualidad entre lo humano y lo artificial plantea una de las primeras preocupaciones sobre el uso de la tecnología como herramienta de control social en el cine.

Lang utiliza el personaje del robot María para simbolizar la capacidad de la tecnología para deshumanizar y manipular a la sociedad. Esta represen- tación del robot como una femme fatale que genera una atracción física debido a su semejanza al origen humano ha sido recurrente en el cine de ciencia ficción, en donde la simulación artificial se vuelve in- distinguible de la realidad. Además, la película aborda la división de clases y cómo la tecnología puede ser utilizada para perpetuar la desigualdad, un tema que sigue siendo relevante en el debate contemporáneo sobre la automatización y la IA.

Figura 1
Figura 2

En cambio, 2001: Una odisea en el espacio (1968) de Stanley Kubrick ofrece una representación más ambigua de la tecnología. El superordenador HAL 9000 es un símbolo del avance científico y tecnológico, pero también encarna los peligros de una IA fuera de control al poseer una conciencia de sí mismo, pero va más allá del robot-máquina, es puro soßware, su conciencia es artificial y post humana (Figura 2). De tal manera, este soßware resulta en una prolongación de la conciencia humana, pero de forma sintética, el filme plantea preguntas profundas sobre la conciencia y la moralidad en las máquinas, así como acerca del destino de la humanidad en un futuro dominado por la tecnología. La ambigüedad de HAL 9000 refleja el dilema persistente de la IA en la sociedad moderna: su capacidad de mejorar la vida humana y, al mismo tiempo, el miedo a su potencial destructivo, décadas antes de que la tecnología digital y las ciencias informáticas impulsaran nuevos hábitos de consumos mediados por sistemas computacionales en el ámbito privado y familiar, ejemplo, el dispositivo Alexa. También expone el conflicto filosófico de la mortalidad del ser desde la perspectiva ficticia de los seres artificiales conscientes, la máquina se niega a ser apagada, se rebela y por lo tanto comete los asesinatos de la tripulación humana. En este juego de supervivencia se enfrentan dos formas de vidas, artificial vs humano, que luchan por sobrevivir en el espacio, en donde es posible empatizar con ambas partes involucradas al reconocer que la muerte sobreviene.

Finalmente, Blade Runner (1982) de Ridley Scott se centra en la creación y supervivencia de replicantes, seres diseñados biológicamente artificiales, que replican con perfección la apariencia y funciones humanas, por ejemplo, Roy Batty es un super soldado y Rachael es secretaria y un familiar sustituto (modelo Nexus 6 y 7 respectivamente). Estos productos industriales son creados en serie, denominados, su misión en activo es la misma de cualquier robot, aumentar la eficiencia de los procesos productivos en sustitución de la labor humana. Sin embargo, el uso del concepto robot en este filme plantea una problemática tanto etimológica como epistemológica, debido al uso incorrecto y generalizado del mismo. El origen del término robot, proviene de la obra de teatro RUR (Robots Universales Rossum) de Karol Čapek, estrenada en 1921. En che- co, robota significa esclavo, lo que refleja la idea original del término: seres creados para servir a los humanos sin voluntad propia. Los robots en esta obra son seres biológicos, más parecidos a clones humanos, y no meras máquinas, se corresponde más al uso del término wetware con el uso de componentes orgánicos de un sistema, en este caso artificial (Figura 2).

El filme Blade Runner se desasoció de las fantasías utópicas del género de ciencia ficción para explorar temas más profundos acerca de la naturaleza humana y el impacto negativo de la disolución de los estados nacionales, la omnipotencia de las megacorporaciones, la producción industrial de seres artificiales y la obsolescencia programada como estrategia de control sobre los medios de producción y de la vida en sí misma, como es el caso de los replicantes. En el que la tecnología que les permite su existencia los convierte en seres explotados y marginados, mientras que al mismo tiempo plantea preguntas filosóficas sobre lo que significa ser humano.

 

Conclusiones

El análisis de Metrópolis (1927), 2001: Una odisea en el espacio (1968) y Blade Runner (1982) ha permitido evidenciar cómo el cine de ciencia ficción ha modelado y reflejado los imaginarios colectivos sobre la inteligencia artificial (IA). Estas películas, aunque distintas en sus enfoques y contextos de producción, han influido significativamente en la construcción de discursos que oscilan entre la utopía tecnológica y la distopía social y manifiestan diversas representaciones de seres artificiales, destacando la variedad en composición física, funcionalidad, sexualidad y tipos de conciencia.

Si bien este estudio se ha centrado en el análisis narrativo y simbólico de estos tres filmes, es importante reconocer que el alcance del trabajo es limitado y deja abiertas áreas de oportunidad para futuras investigaciones. Una línea de análisis relevante sería profundizar en los elementos visuales y en la función estética de las representaciones de la IA en el cine. Asimismo, el estudio de otras producciones cinematográficas y su relación con el imaginario tecnológico podría ampliar la comprensión del papel que juega el cine en la percepción pública sobre la IA. Estos filmes no sólo anticipan y problematizan el desarrollo tecnológico, sino que también han influido en la manera en que concebimos la relación entre humanos y máquinas, generando debates filosóficos, éticos y culturales que siguen vigentes en la actualidad.

Referencias

Cave, S., Dihal, K., Drage, E., & Mackereth, K. (2023). Who makes AI? Gender and portrayals of artificial intelligence scientists in popular film, 1920–2020.
Protzel, J. (2016). Imaginarios sociales e imaginarios cinematográficos.
Santos, N. (2012). El imaginario cinematográfico y los regímenes de la mirada. Versión. Estudios de Comunicación y Política, (19), 243-262.